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The ShapeShifter Capitulo 2 Parte 1

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The ShapeShifter: Capitulo 2

"Su Nombre era Becky Parte 1"


“El peor nombre de mundo me tocó”, decía ella.
Si, era un nombre bastante malo… “No tanto como Wilfredo”, solía decirle nuestro héroe para animarla.
¿Pero como es posible animar a una persona como ella?
Siempre sola en un rincón, llorando por la figura esbelta que nunca se esforzó por tener, por el padre millonario que nunca la concibió, por los talentos súper naturales que nunca tuvo.
Ella era la típica persona que nunca suele faltar en colegios tan estereotípicos como el de Will: Rechoncha, con voz masculina, siempre desalineada, sin mucho gusto para la vestimenta, pero bastante inteligente.
Buena chica si se la conoce, pero nadie suele conocerla.
Tuvo amigos, pero de alguna forma ella los termina expulsando de su vida, para seguir estando sola. Tal vez lo hace sin darse cuenta.
Le gusta la soledad y la odia al mismo tiempo.
Le gusta ser diferente, así que no busca a nadie parecido a ella.
Algunos dicen que le gusta ser infeliz, ¿pero alguien en su sano juicio le gusta la tristeza? A ella, al menos, no.
Pocos le hablan, porque se aísla en su burbuja: Está segura, oculta de todo lo peligroso… Pero, ¿Qué sabe ella de peligro?
Peligro es lo que pasa Will casi a diario, saliendo a la noche y recorriendo la ciudad, como si fuese un superhéroe salido directamente de las historietas, siempre poniendo el pellejo al fuego por el bienestar de alguna que otra persona… O peligro es lo que pasan los bomberos, los policías, y tantos otros.
Will intentó amigarse con ella, más por lástima que por interés, pero nunca tuvo éxito.
Tal vez ella veía las intenciones de nuestro héroe y no soportaba que la gente sienta pena por ella, o tal vez se cerraba ante esa nueva persona: Todos son un potencial día peligro para su burbuja.
Willfredo se intentó acercar en los recreos y tiempos libres a hablar. Las únicas respuestas que recibió fueron lacónicas: Un “Sí”, un “No”, y una completa indiferencia. Se dio por vencido pocos días después.
Un mes después de esos intentos de acercamiento, los eventos que protagonizó Joseph Wallas con su lanzallamas dieron a lugar, y Becky Carolina Crispini estaba en primera fila para cuando ShapeShifter entró en acción en su primer enfrentamiento. También fue parte de los que se quedaron congelados cuando nuestro héroe gritó que se alejen.
Pero ella no se paralizó del miedo: Ella se paralizó de la emoción.
Tenía como habito leer historietas, y siempre fantaseaba con que sean reales... ¡Y estaba viendo un combate entre un villano y un héroe! ¿En serio existían? ¿Su sueño se había hecho realidad…? ¿Tendría ella súper-poderes…?
Pero al menos, ¡existía un súper-héroe! ¡Y había aparecido en su ciudad, y su primera aparición en público había sido frente a su escuela!
¡Y ella estaba ahí parada, en el lugar justo en el momento justo, cuando en general se quedaba un rato mas en el colegio y luego salía tomando otro camino! No podía ser coincidencia: Algo la había destinado a encontrarse con él.
Sin darse cuenta, se había enamorado de una figura desconocida, se había enamorado de un algo al cual le habrían atravesado la cabeza con una bota.
Su amor se transformó en obsesión con el pasar de los días, y fue la primera persona en la ciudad en tener una remera que diga “THE SHIFTING HERO”, con un dibujo de como más o menos era nuestro héroe… “Bueno, al menos el dibujo lo hicieron bien”, reflexionó Wil días después. Tampoco era tan difícil. Una silueta blanca, como si fuese un maniquí, y dos manchas como ojos.
Cuando Wil entró al aula, vio a su obesa compañera discutiendo sobre la genialidad de la persona que tenia estampada en su remera.
-¡Le dieron una paliza!- decían algunos, entre burlonas risas que incomodaron a nuestro joven héroe.
-Bueno, le habrán dado una paliza, ¡pero es un súper-héroe y nos salvó!- defendía ella con su áspera voz de camionero.
-Batman lo habría hecho mejor.- dijo un chico con enanismo, de pelos rojizos y ojos tan azules que parecían reflectores.
-¿Qué Batman? ¡Linterna Verde le rompe el culo a Batman y a este loco, Súper Cambia Formas!- dijo un joven cuyo peso debía ser menor al de una molécula, pero que medía poco más de dos metros y quince centímetros.
-ShapeShifter.-, dijo Wilfredo.
-¿Eh?-, fue la respuesta del gigante, quien había comenzado a discutir sobre si Batman era mejor que Linterna Verde o no, mientras el resto se enfrentaban con Becky y su remera.
Wil se dio cuenta de que metió la pata.
-Bueno, esteeee… Shapeshifter suena mejor que esos nombres que le están poniendo. Es el primer súper-héroe del mundo, ¡merece un buen nombre…! ¿No?- . Observó a sus alrededor, nervioso. El clásico grupo de nerds se miraron y asintieron, mientras que los se encogieron de hombros.
-Puede ser- fue la única respuesta verbal que obtuvo.
Becky giró la cabeza cuando escuchó que la mitad se callaron la boca, y preguntó a alguien algo como “¿Que dijo?”.
-Que sos una puta.-, dijo uno.
-Que ShapeShifter suena mejor que los nombres que le estamos poniendo-, dijo otro.
Ignorando la primera respuesta y asintiendo ante la segunda, miró un rato a Will, y luego siguió discutiendo, usando el nombre que nuestro héroe se auto-impuso.
El curso se fue sentando mientras el profesor llegaba, tomaba lista, y la clase comenzaba.
Wil se quedó dormido, y no despertó hasta que el timbre de salida llegó.

La joven Becky comenzó a caminar hacia su casa. Se había entretenido leyendo un libro en la puerta del colegio luego del fin de clases, y la noche la había atropellado.
Se encontraba algo sola, en calles bien iluminadas, pero desiertas.
Dos personas que caminan por la vereda de enfrente, un auto que pasa, no mucho era lo que sucedía por allí.
Mientras avanzaba, fantaseaba sobre que alguien la asaltaba, y su héroe lo rescataba.
Y quien es su héroe si no el nuestro: ShapeShifter.
Nadie la atracó, pero pudo divisar una silueta saltando entre los techos… Su imaginación la llevó a pensar que era el súper-héroe que tanto anhelaba ver de nuevo, y corrió hacia allí, emocionada por la posibilidad de hablar con él.
Su lento correr la hizo llegar al edificio donde lo había visto saltar por última vez, y no tuvo mejor idea que meterse.
La puerta estaba abierta, y el lugar parecía abandonado hace tiempo: El silencio, la suciedad, el nauseabundo olor a humedad y las cosas tiradas por todos lados no hacían más que reforzar esta teoría.
Dio pequeños pasos por aquí y por allá, mientras su emoción se iba sustituyendo por miedo… Pero tenía que afrontarlo, o no tendría la oportunidad de ver a su incoloro héroe.
El crujir de la escalera hizo que las ratas se percaten de que alguien se acercaba, y las obligó a huir.
Luego de casi diez minutos de lento y precavido avance, la joven a llegó al quinto y último piso. Escuchó sonidos como voces lejanas aun más arriba, y buscó alguna forma de ir allí.
Reviso las grises paredes, para encontrar una perfectamente visible pero pequeña escalera, que conducía a una puerta de hierro. Comenzó a subir de nuevo, y arribó ante la puerta.
La abrió un poco con el mayor cuidado que pudo y observó desde el espacio abierto… No pudo distinguir a las dos figuras, solo había una en su rango de visión. Era alto, obeso, estaba vestido de traje y llevaba un enorme maletín en la mano. ShapeShifter debía estar un poco más al costado… Pero al menos podía escuchar lo que decían.
-¿Y cómo sé yo que esa mierda me va a hacer lo mismo a mí que a vos?-
-Solo vas a tener que confiar. ¿Tenés el dinero?-
-Para mí que es un puto veneno, y que querés irte con toda la guita.-
-Si quisiese irme con toda la plata te habría agujereado la cabeza ni bien apareciste.-
-Eh, tranquilo, no es necesario ponernos violentos, veras…-
Becky intentó abrir un poco más la puerta, para intentar ver si la otra persona era su héroe, confundida por la conversación… Pero la puerta emitió chirrió, y Becky palideció, entrando en un estado de shock momentáneamente.
Los dos se quedaron callados. Ella comenzó a bajar las escaleras, primero lento pero mientras más crujidos hacia la escalera, más velocidad tomaba. Corrió dos pisos hacia abajo, escuchando como era seguida desde cerca. Cerró los ojos, para contener los nervios. Una mala idea, ya que estaba bajando las escaleras del tercer piso. Tropezó y rodó hasta llegar al suelo, impactando con su rodilla en el piso.
Gritó de dolor y se intentó levantar, pero era inútil: El dolor le impedía moverse.
Logró ver a una figura que se acercaba lentamente. No era el hombre rechoncho, era el otro… De estatura media, tez bronceada, ojos marrones y cabellos oscuros, grandes músculos y miles de cicatrices… Definitivamente, no era su héroe.
Acorralada, y sin posibilidad de salvarse.
Becky rogó por piedad, pero el hombre ya había metido una mano en el bolsillo.

Una semana entera pasó, y Wilfredo se encontraba observando por la ventana.
Había pasado mucho tiempo sin ningún acontecimiento… ¡Nada!
Ni un robo, ni un asalto… O al menos, ninguno en el que el haya podido intervenir.
Noche tras noche se dedicó a correr por tejados y por calles, pero nada encontró.
El sábado llegó y el reloj dio doce campanadas. Wil aun miraba a través del vidrio, pensando y buscando.
Suspiró, y se alejó a largos pasos de su anterior ubicación, para quedar en el centro de su habitación.
Miró a un lado y al otro, observando el desorden en su habitación que no llegaba a tener 5x5 metros. Estiro su brazo más de lo que cualquier ser humano podría estirarlo y alcanzó la llave de la ya cerrada hace mucho puerta. Dio una vuelta, dándole la tranquilidad de que ahora sí estaba en completa privacidad.
Se sentó en su cama, sin retraer su brazo.
Lo movió de un lado a otro, agarrando cosas y poniéndolas en su lugar original… Tenía que esperar al menos media hora más hasta estar seguro de que no había nadie despierto en el hogar.
Uno nunca sabe cuando un padre va a entrar a la habitación… Y es mejor que no la encuentren vacía, ¡y encima desordenada!
Si se encuentra fuera de su orden, entonces los padres pensarían que algo malo sucedió. Si esta ordenada, podrían pensar que se escapó, o que salió a hacer algo.
Seguiría siendo algo que preferiría evitar, pero era definitivamente menos problemático.
De todas formas, podría volver y poner una escusa, inventarse una explicación, algo.
Mientras tu mente maquinaba todo eso, su brazo elástico finalizó y el cuarto se encontraba en casi perfecto orden.
Wilfredo se levantó e hizo la cama, completando la tarea.
Su reloj digital de pulsera sonó. Nuestro héroe detuvo la alarma presionando un botón y se quitó el artefacto electrónico de la muñeca. Lo dejó sobre la mesa, y abrió la ventana.
Trepó por ella y miró hacia afuera: Estaba a un piso de altura del suelo. Dio un paso al aire, dejándose caer.
Unos pocos segundos después, sus pies impactaron contra el suelo y explotaron como tomates. Will sintió un dolor intenso, al menos menor al que sintió cuando le estalló la cabeza.
La materia desparramada se arrastró hacia él, y sus pies se rearmaron.
Wilfredo comenzó a caminar por la calle. Doce y media de la noche, o cero y treinta de la mañana.
Poca luz, poco ruido, hasta poco viento: El lugar estaba tranquilo como un pueblo fantasma.
Cada tanto, un vehículo pasaba por la calle, pero no ayudaba a evitar sentir completa desolación… De haber algo de niebla, la atmosfera se habría adaptado a una película de suspenso.
Wilfredo cerró los ojos e incrementó su velocidad.
Sus pasos se hicieron cada vez más y más rápidos, y en un cuestión de segundos su piel y ropas parecieron deshacerse, dejando tan solo una blanca silueta.
Los ojos del cambia formas se abrieron, como dos manchas negras que lentamente se abrían.
Lentamente la velocidad comenzó a alcanzar los limites humanos. Dio un pequeño brinco desde la vereda para caer sobre el asfalto.
La habilidad de manipular su contextura y forma le permitieron darle cada vez más fuerza a sus piernas, hasta que llegó un punto en él que de de un paso directamente lo propulsaba hacia adelante, como si estuviese lanzándolo un cañón.
Una nueva noche comenzaba. Y Will confiaba en que esta vez, algo sucedería.

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